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Trabajando muy duro por la paz...
Dos almas que sobrevivieron al horror de Bojayá
En lo corrido del año, 11 niños han sido afectados por minas antipersonal
Fugitivos

INSTITUCIONES, EN CRISIS

La última Gran Encuesta mostró que la confianza de los colombianos en sus instituciones está en los niveles más bajos recientes.

 La última Gran Encuesta puso al descubierto la creciente falta de confianza que tienen los colombianos en sus instituciones. Salvo la Iglesia y las Fuerzas Armadas, prácticamente todas las demás, como el Congreso de la República, la Justicia, las altas cortes, la Contraloría, la Procuraduría, los medios de comunicación y los partidos políticos, así como sus representantes, fueron rajados a la hora de medir la confianza y favorabilidad por parte de los encuestados. 

 

A pesar de ser la institución más confiable, solo la mitad de los colombianos cree en sus Fuerzas Armadas, que no han logrado quebrar la tendencia a la baja que tienen desde abril del año pasado, cuando su aceptación era del 56 por ciento. Al parecer, los líos de las chuzadas, de corrupción y la creciente sensación de inseguridad que sienten y expresan los colombianos, entre otros temas, han terminado por afectar la confianza de los ciudadanos. De todas las fuerzas del orden, la Policía Nacional obtuvo la calificación más baja.

 

En el otro extremo, es decir, en las que menos confianza les genera a los colombianos, la Justicia, las altas cortes y el Congreso de la República encabezan esa lista. De acuerdo con la encuesta de Ipsos, el 77 por ciento cree que la Justicia no está haciendo las cosas correctamente para que el país salga adelante. Lo mismo piensa el 73 por ciento de los colombianos que también dijo desconfiar de las altas cortes y de su papel. 

 

Esta imagen negativa también se ve reflejada en la favorabilidad que los ciudadanos tienen sobre los altos tribunales. La Corte Suprema de Justicia tiene una percepción negativa del 60 por ciento, mientras que la Corte Constitucional, que hace unos años era una de las instituciones más respetadas por los colombianos, tiene una imagen desfavorable del 57 por ciento.

 

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VOLUNTAD DE PAZ

“La semana pasada, las FARC alardearon de asesinar a 129 uniformados en los primeros tres meses del año. (…) Así pues, los amigos de la paz y del ron cubano comienzan cada año segando decenas de vidas por obra y gracia de sus minas quiebrapatas, sus tatucos y sus disparos, sin el mínimo atisbo de arrepentimiento (…)”.

Salud Hernández. ¿Tan idiotas parecemos? 2014.

Hacia 1997, las FARC pusieron en marcha la denominada ‘estrategia de vacío de poder’, que básicamente consistía en la destrucción local del Estado.

En este sentido, desarrollaron tres líneas de acción: por un lado, las tomas a cabeceras municipales, donde cientos de guerrilleros incursionaban en centros poblados y arremetían contra las estaciones de policía y alcaldías.

La segunda línea fue la persecución, secuestro y asesinato de miembros de partidos políticos que fueran candidatos o mandatarios en ejercicio; ante esto, cientos de alcaldes y concejales se vieron obligados a renunciar.

Por último, las FARC se dedicaron a desalojar a la Fuerza Pública, principalmente la policía, de diferentes municipios del país.

Ante esta cuarta oportunidad que ofrece el Estado y la sociedad colombiana en La Habana (Cuba), para que las FARC renuncien al terrorismo y tengan una salida honrosa, dicha organización terrorista responde con los mismos bombazos, hostigamientos, minas antipersona, reclutamiento de niños, maquinando plantes terroristas contra nuestros oleoductos o extorsionando a los ciudadanos que trabajan honestamente.

¿Dónde está la voluntad de paz? ¿En unos acuerdos firmados a medias para después salir a despotricar y exigir el desmonte y reforma de la Fuerza Pública o negar que ellos, las FARC, son los principales victimarios y que no están dispuestos a recibir sanción alguna por parte de la justicia?

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EL BATASUNA COLOMBIANO

“Son muy conocidos en la historia, desde la Antigüedad hasta hoy, los horrores a los que pueden y suelen entregarse los partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros han sido alcanzados por la gracia -por la desgracia- de alguna revelación. El estudio de la vida social y de la vida personal nos enseña cuán próximos se encuentran una de otro la idealización y el terror. La idealización del fin, de la meta y el terror de los medios que procurarán su conquista”.

Estanislao Zuleta. Elogio de la Dificultad. 1980

Unos de los capítulos evidentes, pero sospechosamente ignorados por la historiografía colombiana, ha sido la responsabilidad del Partido Comunista en el surgimiento, expansión y crímenes de las guerrillas comunistas como las FARC en los últimos 60 años.

Paradójicamente, la historiografía dominante, y lo recientes estudios de los grupos de memoria histórica, se enfocan en indagar, demostrar y publicitar las relaciones entre agentes del Estado con organizaciones terroristas de extrema derecha, fenómeno denominado “paramilitarismo”. Lo lesivo de este enfoque es olvidar o darle una solapada y cuestionable justificación al terrorismo de las guerrillas de izquierda.

Con o sin postconflicto, las ciencias sociales y las organizaciones de víctimas de las guerrillas tienen el reto de indagar y dar a conocer la historia de la combinación de las formas de lucha desde sectores radicales de la izquierda, además de establecer las responsabilidades políticas, históricas y jurídicas de sus autores y ejecutores.

No se puede hablar de un fin del conflicto o del uso de la violencia con fines políticos si al final, se impone una versión de la historia que justifique el terrorismo de las FARC y del ELN, porque a mediano y largo plazo legitimaría y perpetuaría el uso de la violencia para determinadas tendencias políticas o como respuesta a futuras crisis de nuestros sistema político.

En el caso de las FARC, uno los símbolos de esa perversa relación entre política y armas lo representa la Juventud Comunista de Colombia (JUCO), brazo juvenil del Partido Comunista Colombiano (PCC).

Leer más: Y LA JUCO

UN MUNDO RARO

 

Ayer 9 de abril, Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas, el frente 57 de las FARC asesinó al defensor de los Derechos Humanos y de Restitución de Tierras de las comunidades negras del medio y bajo Atrato, Adán Quinto.

Hoy, 10 de abril, cínicamente, desde La Habana, el terrorista “Marco León Calarcá” declaró a nombre de las FARC que no es política de esa organización atacar objetivos civiles y afirmó que siente "mucho dolor" por las víctimas del conflicto armado de medio siglo en Colombia.

Vivimos en un mundo raro, donde los victimarios, los autores intelectuales que introdujeron “la  combinación e formas de lucha”, que se expandieron por los Llanos, el Magdalena Medio y el Urabá, los que hicieron del secuestro su arma por excelencia y asesinaron policías, soldados, dirigentes políticos y sociales, hoy reclaman ser las “primeras víctimas”, hablan de derechos humanos, de respeto por los campesinos y sus tierras, reclaman airadamente justicia y la presencia de un Estado que se empeñaron en exterminar.

Vivimos en un mundo raro, donde, en lugar de ver unificada a la sociedad para exigir el combate y desarticulación de grupos terroristas que amenazan a nuestra Constitución (considerada una de las más progresistas del mundo junto a la española), hay división y pugnas lideradas por quienes encuentran justificaciones políticas y morales a la existencia y accionar de las FARC.

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